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LA UTILIZACIÓN DE LA CONFRONTACIÓN PARA DISMINUIR EL AUTOENGAÑO

Los adictos muy frecuentemente distorsionan, modifican o cambian la percepción de la realidad a causa de su propio engaño o por carencias personales; y en muchas ocasiones las dos juntas.

Cuando su engaño es para conseguir objetivos u ocultar la verdad, terminan por creerse realmente su propio engaño, en el afán de transmitirlo con convencimiento, acaban por convencerse ellos mismos, y junto a los daños causados por el consumo, llegan a no distinguir la mentira de la realidad.

Cuando viene causado por carencias que el adicto quiere compensar u ocultar, pierden rápidamente la perspectiva de la realidad, para dar una imagen que maquille u oculte estas carencias. Como en el caso anterior, el problema es que acaban creyendo y viviendo en una realidad falsa, en una realidad creada por ellos para sustituir sus carencias y modificar su percepción, ahorrándoles el sufrimiento de tener que convivir con lo que no les gusta de ellos mismos.

El adicto busca siempre la forma de evitar el sufrimiento, el dolor y todo lo que le requiera un esfuerzo, además de llegar con una serie de mecanismos, como: minimización, mentira, racionalización, justificación y otros, que no les permiten aceptar su realidad y les llevan a caer en el autoengaño; si no se esfuerza en superarse y cambiar esta conducta, le llevara a estar cada vez más lejos de la realidad.

Con la confrontación se busca la reestructuración cognitiva, el cambio de las creencias irracionales y generalistas, por ideas que se ajusten más a la realidad. Se genera un aumento de la consciencia sobre el problema o la realidad y un posible cambio a nivel cognitivo.  En ocasiones, esto repercute en un impacto emocional, lo que se ha de tener en cuenta a la hora de tratar al paciente y valorar si es oportuno por el momento en el que se encuentre el mismo. También se consigue denunciar los juegos neuróticos del paciente: lo falso, evitativo o manipulativo.

Con la confrontación no se juzga al adicto, no es un juicio, únicamente se le devuelve desde lo que le pasa a uno, desde la propia experiencia que terapeutas y compañeros van acumulando al realizar el mismo camino de la recuperación. Pocas veces se tiene la oportunidad de que un igual nos cuente desde la honestidad como se siente y como nos ve y percibe a nosotros. La sinceridad en muchas ocasiones es dura y cruda, pero siempre se confronta de forma amorosa y con la intención de ayudar al otro, nunca debe haber juicio, esto permite hacer ver al paciente lo que él no ve y poco a poco ir disminuyendo su autoengaño. Es importante resaltar que, en la terapia de grupo, la confrontación se realiza entre iguales, lo que permite que unos y otros se vean en espejo y se reconozcan en los compañeros y terapeutas.

La terapia no se puede basar únicamente en “dar apoyo” y “refuerzo positivo”, ya que esto dificulta el “autoapoyo” y por ende el crecimiento del paciente, que es uno de los objetivos del tratamiento.

Se confronta al paciente con sus actitudes, comportamientos y creencias, con el propósito de que acepte la responsabilidad de su comportamiento, invitándolo a que sea honesto consigo mismo y su entorno, esto le ayudará a ir contactando con su realidad y disminuirá de forma gradual su autoengaño. También se pretende con la confrontación, enfrentar al adicto con lo que está haciendo mal y enseñarle porque es perjudicial para él, para que lo cambie y no siga causándose daño, ni se ponga en riesgo de consumir.

Como hemos mencionado anteriormente esta técnica se utiliza para reducir y desmontar algunos de los mecanismos de defensa con los que habitualmente suelen llegar todos los adictos: minimización, racionalización, justificación, mentiras, etc. Son mecanismos que llevan muy integrados, normalmente durante mucho tiempo y es difícil que por si solos se den cuenta de ello, lo que conlleva que no puedan cambiarlo, (para poder cambiar algo primero hay que ser consciente de ello, de qúe me pasa, de lo contrario difícilmente podrán cambiarlo). Estos mismos mecanismos son los que sostienen el autoengaño, el adicto se encuentra cómodo ahí, es su zona de confort, aunque sea algo totalmente desadaptativo, es donde se ha manejado durante el consumo y lo ha integrado como “lo normal”, (más autoengaño). Es aquí donde la confrontación con iguales es necesaria, iguales que le hacen ver la realidad, que han pasado por donde él se encuentra ahora y le van a ayudar a despojarse de esas capas, que como si de una cebolla se tratara, tienen que ir desprendiéndose, hasta llegar al corazón de la misma, para erradicar el autoengaño.

Es difícil y doloroso salir de esta zona de confort y desprenderse de todo lo que han estado utilizando durante tanto tiempo como una defensa, con el convencimiento de que era la verdad, lo mejor para ellos y su único recurso para evitar su sufrimiento. Por lo que, en ocasiones, corremos el riesgo de que el paciente se sienta atacado o juzgado y se ponga a la defensiva, es aquí donde entra el saber hacer del terapeuta para reconducir, pausar o aliviar la situación para que el resultado sea el deseado.

El terapeuta es quien debe evaluar y saber cuándo y a quien confrontar, según el momento y la capacidad de cada paciente, ya que no siempre están preparados o receptivos para ello. Siempre antes hay que tener un periodo de aproximación con el paciente y de empatía para conectar con él y “ganárselo”, es la forma mas segura de que acepte de buen grado la confrontación con el terapeuta y con el grupo.

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